Número 232

Antoni Arola
Intereses económicos y políticos
Seguramente estamos hablando de un problema más político-comercial que de la luz en sí. Que lástima que nos tengamos que poner tan prosaicos con un tema tan poético..
No tengo mucho conocimiento técnico sobre la materia pero por varios artículos que he leído, parece ser que todo este planteamiento energético es una gran falacia, como casi todos los planteamientos políticos.
Como siempre, a los políticos les gusta más la prohibición e imposición, que la educación. Si realmente las nuevas bombillas son tan maravillosas, ¿porque no nos lo explican bien? ¿Por qué no usan canales propios como la TV, etc. para educar, para explicarlo? Si resulta que lo que dicen es cierto, que lo que se plantea tiene sentido común, no deberían preocuparse, la gente no es tonta.
Ecología
Si analizamos un poco más a fondo, podemos detectar muchas contradicciones sobre el tema. ¿Qué pasa con la pérdida de intensidad que se produce con el paso del tiempo o con el reciclaje del mercurio del bajo consumo? ¿Por qué no se prohíben también las lámparas halógenas? También son incandescentes y consumen mucho más que la pobre bombilla normal y un largo etcétera.
Bagaje cultural
La sustitución será natural y en el mejor de los casos, la bombilla incandescente sobrevivirá para quien la quiera, para los románticos, para los anticuarios o para quien le de la gana, como pasa en muchos otros campos, por ejemplo con la fotografía tradicional o las plumas estilográficas.
Para mí, personalmente lo más importante de todo esto es que, como muy bien dice Maurer, si esto acaba así la gente tendrá que ir más al psicólogo.
Sin la brillantez y la alegría de la incandescencia, nuestra vida se volverá más gris, más triste.
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