Número 232

Miguel Milá
No entiendo que se mate a la bombilla que tantas satisfacciones nos ha dado
y de una forma tan discreta. ¿Por qué no se respeta el hecho de que la
evolución normal y la aparición de alternativas realmente buenas la vayan
desplazando y su muerte sea digna?
Evidentemente la calidad de la luz de la incandescencia hoy por hoy no ha
sido sustituida por nada y, aunque no dudo que se llegue a conseguir, no
reduzcamos el campo de posibilidades.
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